PHYSIS Y TÉCHNE: COSAS ARTIFICIALES

PHYSIS Y TÉCHNE: COSAS ARTIFICIALES
Y COSAS NATURALES
De acuerdo con Aristóteles la physis es un principio esencial, inmediato
e inmanente de movimiento, mientras que los movimientos característicos
de la téchne no residen en la misma cosa, sino en otro, en el artesano.
A pesar de esta diferencia, Aristóteles piensa la physis desde el
modelo de la téchne, porque interpreta el movimiento (y la physis es ante
todo principio de movimiento) en analogía con la actividad humana.
El sistema verbal griego no atiende tanto a los niveles temporales
cuanto a las formas de la acción, aprehendidas o bien como un estado (temas
de presente), o bien como acontecimiento (temas de aoristo) o bien
como resultado (temas de perfecto) y así la acción se expresa o bien
como ser, o bien como momento del ser, o bien como presuposición del
ser alcanzado. Bruno Snell ha puesto de relieve la importancia decisiva de
esta circunstancia en la configuración de los conceptos científicos griegos,
entre ellos el de movimiento24. Aristóteles lo define como la actualización
de una posibilidad; el movimiento, pues, presupone la existencia previa
del móvil que, estando en reposo, entra en movimiento, con lo cual,
como agudamente señala Snell, se retrotrae el movimiento al estado de
reposo, sin llegar a captar la dinámica del proceso mismo de movimiento,
tarea imposible desde el sistema verbal griego, que obliga a pensar el movimiento
desde el móvil. El móvil, por su parte, se asemeja a un sujeto
que tiene que obrar: tiene ante sí todo un conjunto de posibilidades (por
ejemplo: con la madera puede hacer o bien una cama o bien una mesa) y,
entonces, se decide a realizar una de ellas (i. e., se pone en movimiento).
Ahora bien, el obrar humano se ve paradigmáticamente reflejado en la
23 Cfr. H. Cherniss, op. cit., p. 360.
24 Cfr. Die Entdeckung des Geistes. Studien zur Enstehung des europaischen Denkens bei
den Griechen, 1946, pp. 299-319. El capítulo que ahora interesa («Die Naturwissenschaftliche
Begriffsbildung im Griechishen») ha sido reproducido en H. G. Gadamer (hgb.) Uní die
Begriffsbildung der Vorsokratiker, Wissenschaftliche Buchgesellschaft, Darmstadt 1989, pp.
21 yss.téchne: de aquí que Aristóteles pueda entender la physis desde el modelo
de la téchne, y ello a pesar de que —o, más bien, gracias a que— téchne y
physis formen en principio dos esferas radicalmente separadas.
Al igual que Platón Aristóteles rechaza las explicaciones mecanicistas;
a uno y a otro les preocupa una problemática similar, pero con la diferencia
decisiva de que el Estagirita no asume la herencia pitagórico-matemática,
sino que enlaza más bien con la idea de la física jonia de un
principio de carácter material. De esta forma, debe superar la concepción
mecanicista de la naturaleza como lo absolutamente otro, pero sin recurrir
ni al eslabón matemático ni al recurso mítico, con valor de hipótesis
especulativa, del demiurgo. De nuevo al igual que Platón Aristóteles pasa
de la naturaleza en sí a la naturaleza como concepto. Y en este proceso de
conceptualización la téchne juega un papel decisivo, pues los procesos genéticos
característicos de la naturaleza sólo se hacen inteligibles en tanto
que son aprehendidos desde un modelo explicativo causal que Aristóteles
considera isomórfico respecto de la realidad a explicar. El Estagirita elaboró
este modelo explicativo causal fijándose en los procesos poiéticos de
fabricación. Dicho de otra forma, podemos hablar sobre la naturaleza
porque tenemos a nuestra disposición el arsenal terminológico que proporciona
la teoría de las cuatro causas, y tenemos a nuestra disposición
este arsenal porque la téchne pone ante nuestros ojos de forma evidente
que, en efecto, para explicar el paso de la potencia al acto son necesarias
y suficientes cuatro causas.
Por otra parte, partir de la téchne para conceptualizar la physis satisface
el requisito metodológico expresado en Metafísica 1029 a 34-b 3:
«… se llega a las cosas más cognoscibles a través de lo que es menos
cognocible en sí». Dado que depende de nuestro querer, hacer y planear,
lo que es por téchne es «mejor conocido para nosotros» que lo que es por
naturaleza, si bien esto último puede que sea «mejor conocido en sí». En
consecuencia, no debe extrañar que Aristóteles partiera de lo primero
para desentrañar lo segundo, lo cual permite sospechar que el ámbito de
la physis y el de la téchne no conforman dos esferas radicalmente separadas.
De hecho, en cierto sentido, las cosas por téchne siguen siendo «naturales
», pues la misma dualidad de motor y móvil característica de los
seres que son por téchne es interna a la Naturaleza entendida como totalidad25.
Una cosa, tanto da si es de motor o móvil, posee physis porque phyein
porque puede hacer nacer y crecer; a partir de este sentido primige-
2S Cfr. P. Aubenque, op. cit., pp. 408-409, n. 31.
nio de la physis como arché se entiende que lo nacido y lo que crece (lo
sometido a cambio) también sea en cierto sentido physis. El concepto
physis experimenta de esta manera un radical proceso de indeterminación
conceptual, pues significa tanto el principio como el resultado de la
producción: lo que produce y lo producido. Dentro de la lógica del discurso
aristotélico el siguiente paso es obvio: dado que la característica definitoria
del mundo sublunar es el movimiento, habrá que pensar que es
un conjunto de seres generados; el universo entero sublunar, en tanto que
producido, es physis. En este sentido, la Naturaleza sería la conjunción total
de los seres que existen con independencia y autonomía propia y es
evidente que tanto el motor como el móvil están dentro de Naturaleza entendida
en este sentido: desde este punto de vista podría afirmarse que los
seres por téchne siguen siendo naturales.
Este acercamiento es posible porque el mundo sublunar está sometido
a un movimiento imperfecto e irregular y, en esta medida, a la contingencia:
la naturaleza (sublunar) hay cosas que «deja sin acabar y sin ultimar
»; su movimiento queda lejos del majestuoso orden y regularidad de
las esferas celestes, si bien intenta acercarse, sin conseguirlo nunca, a este
movimiento celestial. El modelo (región celeste) y la copia (mundo sublunar)
no encajan perfectamente entre sí, porque esta última, por así decirlo,
tiene «huecos». La téchne rellena esos huecos, ayuda a que el movimiento
sublunar se aproxime cada vez más (imite mejor) al movimiento
celeste, que es su paradigma. Por esto afirma Aristóteles que la téchne perfecciona
y acaba en parte lo que la physis no puede acabar y ultimar.
La conjunción de naturaleza y téchne ofrece mayor perfección que la
naturaleza sola, puesto que constituye una copia que encaja mejor con el
modelo de lo que lo haría la naturaleza sola (es decir, sin téchne). O lo que
es lo mismo: la suma de estos movimientos sublunares imita mejor el movimiento
celeste. Allí donde la génesis no alcanza entra en escena la poiesis:
la inmanencia del movimiento natural es suplida por la acción del técnico.
Pero tanto aquélla como ésta obran de la misma manera:
Si la casa fuera de aquellas cosas que surgen por naturaleza, se haría
de igual manera o como ahora se hace por téchne; pero si las cosas
que ahora surgen por naturaleza se hicieran no sólo por naturaleza, sino
por téchne, las haría la téchne de manera igual a como nacen (Fís. 199 a
12-15).
La physis (sublunar) es imperfecta: hay cosas que deja sin acabar y sin
ultimar. Para remediar esta imperfección existe la téchne. Pero ésta no remedia
los fallos de la physis de acuerdo con unos principios propios y específicos,
sino haciendo lo que haría la physis en el caso de que pudiera,
así pues, imitándola, imitación que toma pie en la identidad formal del
modo de proceder de ambas En el Timeo platónico la relación de imitación
se da entre un modelo perfecto y una copia imperfecta; en Aristóteles,
por el contrario, tanto el modelo como la copia son imperfectos. El
modelo, la physis sublunar, es imperfecto por relación a su modelo («los
seres incorruptibles»). Platón piensa que el kosmos sensible, imperfecto,
imita una realidad perfecta, el modelo inteligible. Aristóteles, por su parte,
acepta el esquema mimético de origen platónico, pero lo complica estableciendo
toda una jerarquía de imitaciones. En Metafísica 1071 b 35
distingue dos tipos de movimiento: natural y no-natural, el no-natural, a
su vez, puede ser inteligente (la téchne) o fortuito (cuando es producido
por «alguna otra causa»). Por tanto, cuando Aristóteles investiga la relación
entre cosas naturales y artificiales se pregunta en realidad por la relación
entre dos movimientos característicos del mundo sublunar, el natural
y el no-natural inteligente: por una parte, el movimiento no-natural
inteligente perfecciona y acaba en parte lo que el movimiento natural no
puede acabar y ultimar; por otra parte, el movimiento no-natural inteligente
imita el movimiento natural: la téchne imita a la naturaleza (cfr. Fis.
194 a 21, 199 a 15; Meteor. 381 b 6; Protrep. fgr. 11 W).
La relación de imitación entre el movimiento natural y el no-natural
inteligente vuelve a darse en el seno del primero. El movimiento natural
aparece en dos ámbitos claramente diferenciados: en las regiones celestes
y en el mundo sublunar. En Metafísica 1050 b 28 Aristóteles dice: «Los seres
incorruptibles son imitados por seres que están en perpetuo cambio
», dando así a entender que el mundo sublunar imita la naturaleza
subsistente de los Cuerpos Celestes y que el movimiento circular del Primer
Cielo imita la inmovilidad del Primer Motor. Para explicar esta relación
de imitación Aubenque habla de una «paradójica relación, según la
cual el término inferior es a la vez negación y realización —en un plano
más humilde— del término superior»26. Habría de este modo una jerarquía
de imitaciones: el motor inmóvil es imitado por las regiones celestes,
imitadas a su vez por la naturaleza sublunar; y la téchne, por su parte,
imita a la naturaleza sublunar.
La relación de imitación aristotélica debe entenderse como «anhelo de
ser como»: la physis sublunar anhela ser como las regiones celestes. En
Platón, por el contrario, el kosmos imperfecto no anhela ser como el kosmos
perfecto, por la sencilla razón de que, en la medida de lo posible, ya
es como él: en tanto que producto racional del demiurgo comparte su misma
estructura matemático-estética. De aquí que la téchne platónica no an-
26 Cfr. op. cit., p. 474.
hele ser como el kosmos imperfecto, puesto que éste ya es de por sí producto
de la téchne. En Aristóteles, por el contrario, la téchne intenta aproximarse
cada vez más a la inmanencia del movimiento natural, es decir,
de la naturaleza sublunar: el ideal sería que la téchne del carpintero residiera
en las tablas de los barcos o que las lanzaderas tejieran ellas solas:
Sin embargo, el arte no delibera, y si estuviera presente en la madera
misma el arte de construir naves, obraría igual que la Naturaleza
(Fís. 199 b 28).
Si todos los instrumentos pudieran cumplir su cometido obedeciendo
las órdenes de otro o anticipándose a ellas, como cuentan de las
estatuas de Dédalo o de los trípode de Hefesto, de los que dice el poeta
que entraban por sí solos en la asamblea de los dioses, si las lanzaderas
tejieran por sí solas y los plectros tocaran solos las cítaras, los maestros
no necesitarían ayudantes ni esclavos los amos (Pol. 1253 b 37).
En tal caso, la poiesis, al igual que la génesis, poseería un dinamismo
interno. Pero esto supone, simple y sencillamente, concebir la idea de un
automatismo total y absoluto en cuyo seno desaparecería la distinción entre
cosas naturales y cosas artificiales.