LA PHYSIS Y LOS ELEMENTOS

LA PHYSIS Y LOS ELEMENTOS
Decimos que una cosa se genera desde otra y lo diferente desde lo
diferente, ya se hable de lo simple, ya de lo compuesto. Lo digo de otra
manera. Un hombre deviene letrado, o bien: un no letrado deviene letrado,
o bien: un hombre no letrado deviene hombre letrado. Llamo a lo
simple que padece el proceso de génesis un hombre o un no letrado. Y
llamo compuesto a lo que se genera y a lo generado [esto es, al sujeto
(hombre iletrado) y al término de la generación (hombre letrado)],
como cuando decimos que un hombre no letrado deviene hombre letrado.
Pues no sólo se dice que deviene un esto, sino también desde un
esto; por ejemplo: un letrado deviene desde un no letrado. Pero esto no
se dice así en todos los casos, pues el hombre no ha devenido desde el letrado,
sino que el hombre ha devenido letrado (Fís., 189 b 32-190 a 8).
Poco antes de este texto, nada más comenzar el libro II de la Física,
Aristóteles ha distinguido entre las cosas que son «por naturaleza» y las
que son «por otras causas»; la physis es causa de que lleguen al ser (devengan,
se generen…) algunas cosas: aquéllas que son «por naturaleza».
18 Cfr. E. Lledó, «Introducción» a Aristóteles, Etica Nicomáquea, Etica Eudemia, Gredos,
Madrid, 1985, p. 69.
Por ejemplo, son «por naturaleza» los animales y sus partes, las plantas o
los cuerpos simples (tierra, fuego, aire y agua). Todas estas cosas no son
«naturaleza», sino «por naturaleza», pues poseen en sí mismas un principio
(arché) de movimiento y de reposo. Puede entonces decirse que la
naturaleza es principio de movimiento y reposo de algunas cosas, las
que son «por naturaleza». Frente a estas cosas se encuentran las artificiales,
caracterizadas por su pasividad, porque tienen que ser puestas en
movimiento desde fuera de ellas mismas.
Un árbol es «por naturaleza». Puede decirse: «desde una semilla se genera
un árbol» o expresado de manera general y con las palabras del
texto que citábamos anteriormente: «una cosa deviene desde (ek) otra».
«Desde otra» porque no es lo mismo la semilla que el árbol; por esto el
texto precisa que «lo diferente se genera desde lo diferente». La proposición
ek, que Aristóteles utiliza en nuestro texto, es ambigua. Se trata de
una proposición de genitivo que significa «de», «desde», indicando lugar
de dónde, origen o procedencia. Puede, por tanto, decirse: «X llega al ser
desde fuera de X», en el sentido de que X llega al ser desde algo que no es
X. Pero esta afirmación puede entenderse en dos sentidos: constitutivo y
no constitutivo. De acuerdo con el constitutivo de donde X llega al ser
continúa presente en X cuando X llega al ser; de acuerdo con el no constitutivo
de donde X llega al ser es desplazado cuando X llega al ser. Aristóteles
intenta disipar esta ambigüedad mediante un análisis del devenir
realizado, como es habitual en él, al hilo de una investigación sobre los
usos lingüísticos de un término especialmente relevante en el contexto de
la investigación que en cada caso se emprende. En el caso de sus reflexiones
sobre la physis este término es génesis (que he traducido, según el
tiempo, el modo y la voz en el que Aristóteles lo emplea, por «llegar a
ser», «devenir» o «generar»). El texto citado al comenzar este apartado es
un momento fundamental en esta investigación que intenta precisar en
qué sentido o sentidos debe usarse el término génesis.
La palabra «génesis» puede aparecer en proposiciones de tres tipos:
1) «un hombre deviene letrado», 2) «un iletrado deviene letrado», 3) «un
hombre iletrado deviene hombre letrado». Las tres proposiciones son
descripciones de uno y el mismo hecho (el del devenir o la génesis). La segunda
pone de manifiesto una mutua exclusión de contrarios, pues indica
que el devenir implica reemplazamiento: el iletrado que deviene letrado
no puede continuar siendo iletrado. La tercera proposición indica
que el devenir implica un elemento presente antes y después del proceso
19 Sigo las explicaciones de S. Waterlow, Nature, Change and Agency in Aristoth’s Physics,
Oxford, Clarendon Press, 1982.
de génesis: «hombre iletrado» es reemplazado por «hombre letrado»;
pero ambas expresiones tienen un común un elemento, «hombre», que no
es reemplazado, pues en el contexto lingüístico que determina esta segunda
proposición «hombre» y «hombre» son términos contradictorios,
no contrarios (como sucede, sin embargo, en el caso de «iletrado» y «letrado
»); interesa retener que esta proposición expresa cierta permanencia.
La primera proposición («un hombre deviene letrado») no pone de manifiesto
ni reemplazamiento ni continuidad: «hombre» y «letrado» no
son términos ni contrarios ni contradictorios, ya que ni son los mismos ni
son los mismos en parte. Sin embargo, es obvio que el mismo hecho
descrito por la primera proposición, también es dicho, y de manera más
precisa, por las proposiciones segunda y tercera.
De este análisis de los posibles usos lingüísticos del término «génesis»
se sigue que una investigación correcta de la naturaleza en la medida en
que ésta es principio del devenir deberá prestar atención al hecho del reemplazamiento
(que pone de manifiesto la segunda proposición: «un iletrado
deviene letrado») y al de la permanencia (que se manifiesta en la
tercera proposición: «un hombre iletrado deviene hombre letrado»), y ello
aunque esta doble circunstancia no siempre sea evidente (como sucede en
la primera proposición: «un hombre deviene letrado»). La investigación
sobre la sustancia o entidad {ousía) apunta al momento de la permanencia
pero teniendo en cuenta el reemplazamiento.
De acuerdo con Aristóteles, todas las cosas que poseen en sí mismas,
inmanentemente, un principio de génesis tienen naturaleza; tales cosas,
añade, son «sustancia» o «entidad», pues pertenecen a la categoría «sustancia
» y tienen existencia sustancial:
Naturaleza es, por consiguiente, lo que se ha dicho; y «tienen naturaleza
» cuantas cosas poseen semejante principio. Además todas ellas
son entidad, pues son algo que subyace y la naturaleza siempre reside
en lo subyacente. En cambio, «por naturaleza» son éstas y cuantas se
dan en éstas por sí mismas, como el dirigirse hacia arriba se da en el
fuego: esto no «es naturaleza», ni «tiene naturaleza», pero «es por naturaleza
» y «conforme a la naturaleza» (Cfr. Fts. 192 b 32).
El problema de la naturaleza y el de la sustancia son como las dos caras
de una misma moneda, pues las cosas que poseen en sí mismas un
principio de génesis son sustancia porque la naturaleza siempre es sujeto
y es en un sujeto. ¿De qué es sujeto la naturaleza? Ya lo sabemos: de movimiento
y de reposo. Y lo que es sujeto es sustancia, pues la sustancia o
entidad es aquello de lo que se predican las demás cosas sin que ella se
predique de las otras:
Entidad, la así llamada con más propiedad, más primariamente y en
más alto grado, es aquella que ni se dice de un sujeto ni está en un sujeto
(…) de modo que todas las demás cosas, o bien se dicen de las entidades
primarias como de sus sujetos, o bien están en ellas como en sus
sujetos. Así pues, de no existir las entidades primarias, sería imposible
que existiera nada de los demás: pues todas las demás cosas, o bien se
dicen de ellas como de sus sujetos, o bien están en ellas como en sus sujetos;
de modo que, si no existieran las entidades primarias, sería imposible
que existiera nada de los demás {Categorías 2 a 11 y ss.).
Si se tiene en cuenta que el concepto aristotélico de naturaleza depende
de su metafísica de la sustancia, habrá que concluir que la naturaleza,
en tanto que sustancia, no es un accidente que sobrevenga a un sujeto,
sino un sujeto al que sobrevienen accidentes.
De hecho, en Física 193 a 9-10 puede leerse la siguiente expresión:
«… la naturaleza y la sustancia de los seres por naturaleza»20. Aristóteles,
pues, emplea estas dos expresiones como sinónimas, de forma que puede
establecerse la ecuación: «ser una sustancia» = «tener naturaleza»
(= principio interno de movimiento y de reposo), que indica que los seres
por naturaleza tienen estatuto sustancial. Vayamos ahora al texto completo
donde se lee la anterior afirmación: piensan algunos (dice Aristóteles
refiriéndose a los filósofos presocráticos de orientación materialista y
mecanicista) «que la naturaleza y la sustancia de los seres por naturaleza
es aquello de donde cada una de las cosas toma inmanentemente su primer
comienzo y es informe en sí mismo». Por ejemplo, la naturaleza del
lecho sería la madera, de la estatua el bronce.
Antifón, por ejemplo, argumenta que si se deja que un lecho se pudra
hasta el extremo de que retoñe, de él «no nacerían lechos, sino madera».
Así pues, está en juego un proceso de génesis cuyo principio inmanente
de movimiento está —según Antifón— en la madera. El lecho sería algo
artificial y accidental que se daría en la madera, entendiéndola como
«lo que subyace» y lo que subyace en este sentido es la materia. Desde
esta perspectiva, la naturaleza sería la «materia que subyace» o «materia
sujeto». Por esto, continúa Aristóteles aludiendo implícitamente a los filósofos
presocráticos de orientación mecanicista y materialista, algunos
piensan que la naturaleza de las cosas es el fuego, el aire, la tierra o el
agua (uno de estos elementos, algunos o todos).
A Aristóteles le interesa un problema diferente que a los materialistas.
Frente a los cosmólogos presocráticos, no le preocupa la cuestión cos-
Cfr. S. Waterlow, op. cit., p. 37.
mológica de la génesis del kosmos, por la sencilla razón de que éste es
eterno (De Cáelo, I, 10-12).
Así, pues, todos dicen que el universo ha sido engendrado, pero
unos dicen que, una vez engendrado es eterno, otros que es corruptible,
como cualquier otra de las cosas compuestas, otros dicen que es, alternativamente,
de este modo y, al corromperse, de este otro, y que este
proceso perdura siempre así, como Empédocles de Agrigento y Heráclito
de Éfeso (De Cáelo I, 279 b 12-16).
En tanto que existe siempre («existe durante un tiempo infinito») el
universo tiene necesariamente que ser ingenerable e incorruptible:
De modo que, si algo que existe durante un tiempo infinito es corruptible,
tendrá la potencia de no existir. Y por ser durante un tiempo
infinito, supóngase realizado lo que puede llegar a ser. En consecuencia,
existirá y no existirá simultáneamente en acto. Se concluirá, pues, en
una falsedad, dado que se ha establecido algo falso. Pero si no fuera
algo imposible, tampoco la conclusión sería imposible. Por consiguiente,
todo lo que existe siempre es incorruptible sin más. Igualmente es ingenerable:
pues si fuera generable, sería posible que durante algún
tiempo no existiera. (En efecto, es corruptible lo que, habiendo existido
previamente, ahora no existe o puede que luego, en algún momento no
exista; generable, lo que puede no haber existido previamente.) Pero no
hay ningún tiempo en que sea posible que lo que existe siempre no
exista, ni tiempo infinito ni limitado: en efecto, si realmente existe durante
un tiempo infinito, también puede existir durante un tiempo limitado.
No cabe, por tanto, que una misma cosa pueda existir siempre
y no existir nunca. Pero tampoco cabe la negación, quiero decir, por
ejemplo, no existir siempre. Es imposible, por tanto, que algo exista
siempre y sea corruptible. Tampoco es posible, asimismo, que sea generable:
pues de dos términos, si es imposible que el posterior se dé sin
el anterior, y es imposible que se dé éste, también es imposible que se dé
el posterior. De modo que, si no cabe que lo que siempre existe no
exista en algún momento, es imposible también que sea generable (De
Cáelo I, 281b 20-282 a 4).
La generación y la corrupción afectan a los cuerpos sublunares, esto
es, a parte de lo que hay en el kosmos, pero no al kosmos en sí mismo.
Frente a ello, decía, a los pensadores presocráticos les interesa cómo ha
llegado el kosmos al ser.
De una forma muy general, la cosmología de los presocráticos implica
una dicotomía fundamental21. Hay potencias, fuerzas o elementos que
21 Cfr. F. Solmsen, «Aristote and Presocratic Cosmogony», en Harvard Studiés in ClassicalPhilology,
LXIII, 1958, pp. 265-282.
en el proceso de surgimiento de nuestro mundo encuentran su lugar en
las regiones extremas o en la proximidad de la periferia; otros elementos,
menos sutiles y más pesados, quedan abajo o en un punto intermedio:
«donde ahora se encuentra la tierra». Las cosmologías presocráticas intentan
dar cuenta de la génesis del kosmos sirviéndose de dos grupos fundamentales
de materia cósmica que en un momento dado se separan
(Cfr. Anaxágoras A 42, Empédocles A 30, Anaximandro A 9). Vayamos
ahora a Aristóteles.
En un último análisis el kosmos se compone de los cuerpos simples:
tierra, fuego, aire, agua. Estos cuerpos son «por naturaleza»: poseen un
principio inmanente de movimiento que hace que cada uno de ellos se
mueva en una dirección distinta. Pero hay que entenderlo correctamente:
no es que el fuego se mueva por naturaleza hacia la periferia del kosmos,
es que la naturaleza del fuego es moverse hacia la periferia del kosmos; de
forma análoga, es la naturaleza del aire el comportarse de forma similar
y ocupar el espacio debajo del fuego; y, correspondientemente, es la naturaleza
del agua y de la tierra el sumergirse debajo del fuego y del aire y
así ocupar un punto intermedio en el kosmos. No es necesaria ninguna
fuerza mecánica para que cada uno de los cuatro elementos habite en el
kosmos el lugar que le es propio, porque su naturaleza consiste en ocupar
estos lugares.
Si los elementos están en sus lugares en el kosmos por naturaleza,
cabe suponer que siempre han estado en ellos, pues no hay motivo para
pensar que la situación de las cosas haya sido diferente en algún momento,
ya que representarse a los elementos como existiendo largo tiempo
en un estado precósmico significa simple y sencillamente despojarlos
de su naturaleza. Pero desde la perspectiva aristotélica esto último fue lo
que hicieron los cosmólogos presocráticos: pensar en un primigenio estado
precósmico en el que los elementos se encontraban «revueltos» entre
sí; pero a los ojos de Aristóteles esto supone privar a cada elemento de su
naturaleza, puesto que «por naturaleza» los elementos no pueden estar
«revueltos», sino que cada uno tiene que ocupar el lugar que le es propio.
Si a los presocráticos les interesa cómo a partir de un estado precósmico
primigeneo se ha configurado un kosmos (y en función de esta
preocupación elaboran su concepto de physis) a Aristóteles le preocupa
cómo explicar la corrupción y la generación, no del kosmos en sí mismo
(pues es eterno), sino de lo que se encuentra en la parte sublunar del kosmos,
donde hay dos tipos de cosas: artificiales y naturales. El concepto
aristotélico de physis está en función de la elucidación de la generación y
corrupción de las cosas naturales, que no pueden explicarse exclusivamente
a partir de la conjunción de un elemento material y una fuerza me
canica, como hacen los materialistas cuando afirman que la physis de las
cosas es el fuego, el aire, la tierra, el agua (uno de estos elementos, algunos
o todos).
¿Por qué piensan los materialistas de esta forma? Desde su concepto
de naturaleza, Aristóteles lo interpreta del siguiente modo: porque las cosas
toman de aquí su primer comienzo, en el sentido de que no son nada
más que fuego, aire, tierra y agua en determinadas combinaciones y disposiciones.
De aquí se seguiría que aire, fuego, tierra y agua serían la sustancia
total o el todo de la sustancia (ten apasan ousiari) y, en tanto que
total, única. El resto de las cosas serían afecciones, estados y combinaciones
de esta sustancia total. El desafío al que los materialistas someten
a Aristóteles es doble, pues debe mostrar a) que no sólo la materia es naturaleza,
sino que también lo es la forma y b) que la forma es naturaleza
más de lo que es la materia.