HERÁCLITO
Al comienzo de su libro (si es que escribió un libro) Heráclito afirma
que va a comunicar un lógos:
De este lógos, que existe siempre, resultan desconocedores los hombres,
tanto antes de oírlo, como tras haberlo oído a lo primero, pues,
aunque todo transcurre conforme a este lógos, se asemejan a inexpertos
teniendo como tienen experiencia de dichos y hechos; de estos que yo voy
describiendo, descomponiendo cada uno según su naturaleza y explicando
cómo se halla. Pero a los demás hombres les pasa inadvertido cuanto
hacen despiertos, igual que se olvidan de cuanto hacen dormidos (1 B).
En un principio, de manera provisional, cabe entender que Heráclito
quería ofrecer una «explicación» de todo cuanto acontece. Desgraciada30
mente, de este logos sólo han quedado dos cosas: una explicación de los
fundamentos en virtud de los cuales acontece lo que acontece y una explicación
de algunas (pocas) cosas concretas y particulares.
De acuerdo con Heráclito todo lo que sucede guarda una unidad que
debe entenderse como unidad de contrarios, unidad no meramente formal,
pues Heráclito la piensa como realmente dada y en constante actividad:
no es que haya actuado antaño para generar el kosmos y que ahora,
en el momento presente, una vez generado el universo, ha dejado de
actuar; ha actuado, actúa y seguirá actuando, porque todo lo que es está
sometido a constante transformación. Esta transformación no es azarosa
(lo que acontece no está indeterminado), pues sigue una pauta estructural,
un proceso que Heráclito considera autónomo y necesario y que
guarda unidad.
Puede entonces decirse que por detrás de la constante transformación
(nivel de la apariencia) hay una unidad (nivel de la verdad), tanto en el
ámbito de nuestra experiencia como en el del mundo físico. En este contexto,
el ser humano tiene o puede tener una posición peculiar, porque es
parte de ese proceso y a la vez puede comprenderlo; ahora bien, no todos
los hombres, sino sólo los que escuchan el lógos de Heráclito, los que «están
despiertos», pues entonces comprenden que a pesar del cambio y la
transformación todo lo que acontece (todo lo que se transforma, en definitiva)
guarda unidad; comprenden que «el orden del mundo es uno y común
»:
Para los que están despiertos, el orden del mundo es uno y común,
mientras que cada uno de los que duermen se vuelve hacia uno propio
(89 B).
Por detrás o más allá del mundo de las apariencias en el que habitan
los hombres dormidos hay un lógos, el que Heráclito expresa en sus fragmentos
y que no es la explicación comúnmente aceptada. De aquí el
fuerte contenido crítico de muchos de sus textos: frente a las representaciones
tradicionales de los dioses, frente a Hornero, a Hesiodo y a Arquíloco
(los poetas que los griegos, dormidos, consideraban sus maestros),
frente a Jenófones y Pitágoras, y también, implícitamente, frente a los filósofos
milesios, porque Heráclito ya no está en esta tradición.
Heráclito rompe con el esquema cosmogónico, pues para él el kosmos
siempre ha existido y siempre existirá: no tiene sentido la pregunta por su
génesis. Más exactamente, esta pregunta se reformula radicalmente: no
hay que explicar cómo han llegado las cosas al ser, sino cómo por detrás
de todas las aparentes transformaciones hay orden y unidad. Uno y otra
tienen valor ontológico y lógico, pues el lógos unifica la aparente pluralidad
de todas las cosas y opera en todas ellas; también valor epistemológico
(en la medida en que la comprensión del lógos es condición de posibilidad
para comprender su valor ontológico y lógico) y ético, pues su
comprensión y aceptación es asimismo condición de posibilidad para
una correcta conducción de la vida.
Heráclito intenta dar cuenta del valor y del sentido ontológico, lógico,
epistemológico y ético del logos recurriendo a pares conceptuales contrapuestos.
Se trata de una constante del pensamiento griego, incluso prefilosófico,
pero la novedad y radicalidad de Heráclito nace de no pensar
tanto en los extremos entre los cuales se configura la oposición cuanto
más bien en la misma oposición; no atiende a los opuestos, sino a la
tensión entre los elementos opuestos:
No comprenden cómo lo divergente converge consigo mismo; ensamblaje
de tensiones opuestas, como el del arco y la lira (50 B).
El orden eterno (el lógos) adopta la forma de fuego siempre vivo que
es, por su parte, causa de un doble proceso circular: el fuego se convierte
en agua, el agua se convierte en tierra y la tierra, a su vez, vuelve a convertirse
en fuego. Cuando una determinada cantidad de fuego se convierte
en agua, más tarde o más temprano una cantidad equivalente de
agua se convierte en fuego, y la cantidad de tierra que se convierte en
agua más tarde o más temprano es sustituida por una cantidad equivalente
de agua que deviene tierra. Todo se modifica y todo sigue siendo
igual: la unidad de los contrarios (o más bien los contrarios en su unidad)
es y constituye un orden eterno. El mismo proceso puede expresarse con
ayuda de los contrarios muerte/vida:
Inmortales, los mortales; mortales, los inmortales; viviendo unos la
muerte de aquéllos, muriendo otros la vida de aquéllos (62 B).
Es una unidad y un orden no estático, sino «polémico»: la guerra
(polemos) es padre y rey de todas las cosas:
Preciso es saber que la guerra es común; la justicia, contienda, y que
todo acontece por la contienda y la necesidad (80 B).
La guerra de todos es padre, de todos rey; a los unos los designa
como dioses, a los otros, como hombres, a los unos los hace esclavos, a
los otros, libres (53 B).
La guerra usurpa el papel de Zeus y en este sentido es «divina», pues
la divinidad es la unidad y el orden que subyace bajo todas las contrapo32
HISTORIA DE LA FILOSOFÍA ANTIGUA. GRECIA Y EL HELENISMO
siciones. Desde esta perspectiva, la auténtica sabiduría (de la que Heráclito
ofrece su lógos como ejemplo) es el esfuerzo por conocer esa unidad
y ese orden divinos. Frente a ella, el presunto saber de los mortales es
pura apariencia.











