Esencialismo e instrumentalismo

Esencialismo e instrumentalismo
Por esencialismo se entiende una determinada concepción sobre la
función y naturaleza de las teorías científicas opuesta al instrumentalismo.
De acuerdo con la perspectiva esencialista los científicos pueden establecer
las verdad de las teorías más allá de toda duda razonable; las
teorías verdaderamente científicas, desde este punto de vista, describen
las esencias o las naturalezas esenciales de las cosas, las realidades que están
por detrás de las apariencias. El instrumentalista, por el contrario, sería
un convencionalista extremo: para él las teorías no son verdaderas o
falsas, sino herramientas más o menos útiles, adecuadas o inadecuadas
por relación a los fines perseguidos. En Epicuro ambas posiciones se
combinan de una forma sumamente peculiar.
La Carta a Pitocles es un breve resumen de la concepción epicúrea de
los fenómenos celestes. En sus parágrafos 85-86 se distinguen entre dos
tipos de investigaciones: las que admiten un único tipo de explicación (y
que están referidas a los asuntos fundamentales, tales como los átomos, el
vacío, su relación, etc.) y las que permiten varias explicaciones (las dedicadas
a los fenómenos celestes):
Así pues, ante todo hay que creer que el fin perseguido por el conocimiento
de los fenómenos celestes —tanto si los consideramos en su
mutua conexión como por separado— no es otro que alcanzar la ataraxia
y la firme confianza del alma —lo mismo cabe decir de cualquier
otra investigación—; que tampoco hay que forzar una explicación imposible,
ni sostener el mismo procedimiento teórico respecto a todas las
cosas, sea en el estudio de las formas de vida, sea para poner en claro
los demás problemas físicos, como por ejemplo que «el todo está formado
por cuerpos y una naturaleza intangible», o que «los elementos
son insecables», o cualquier otra cuestión que admita una sola explicación
concorde con los fenómenos. Este no es el caso de los cuerpos celestes;
al contrario, éstos poseen múltiples causas de su origen y múltiples
explicaciones de su entidad que se corresponden con las’
sensaciones.
En la Carta a Heródoto (79-80) se distingue entre una investigación especializada
astrológica y una reflexión que no se encamina hacia los fenómenos
celestes en sí, sino hacia la naturaleza y causa de estos fenómenos.
La primera de estas investigaciones no contribuye a la felicidad, sino que
puede incluso aumentar la turbación. Para conseguir la felicidad hay que
centrarse en el segundo tipo de investigación, «más esencial y fundamental
». Por otra parte, en el caso del primer tipo de investigaciones (las que
versan sobre los solsticios, los ocasos, los ortos, los eclipses, etc.) las explicaciones
múltiples logran «precisión suficiente para contribuir a nuestra serenidad
y felicidad». A continuación, Epicuro insiste en distinguir entre «lo
que es o sucede de un único modo» y «lo que se presenta de varios modos».
¿Por qué se presenta algo, en nuestro caso un fenómeno celeste, de varios
modos? La siguiente frase lo aclara: «… y se olvidan que las representaciones
dependen de las distancias». Esto es, no podemos examinar directamente
los astros —al estar tan sumamente alejados—, sino sólo tomando pie en
analogías con las cosas que nos son conocidas. El fundamento de las explicaciones
múltiples radica en la analogía con lo que ocurre «a nuestro
lado». Ahora bien, la explicación analógica ofrece múltiples soluciones:
podemos aceptar unas u otras (Cfr. Carta Pitocles 87). Por otra parte, añade
Epicuro, los que por detrás de «lo que se presenta de varios modos» intentan
alcanzar «lo que es o sucede de un único modo» se afanan inútilmente:
«ignoran en qué condiciones no es posible conservar el ánimo sereno». Así
pues, por un lado las investigaciones que tienen una única respuesta y
que hacen referencia a lo que «es o sucede de un único modo» (por los
ejemplos que pone Epicuro sabemos además que se trata de «una investigación
más esencial») y, por otro, las investigaciones que permiten una explicación
múltiple porque atañen a lo que se presenta de varios modos.
Brevemente, las distinciones de la Carta a Heródoto y las de la Carta a
Pitocles se ensamblan del siguiente modo: A) una investigación más esencial
= lo que es o sucede de un único modo = una única respuesta (perspectiva
esencialista) B) investigación astrológica más especializada = lo
que se presenta de varios modos = explicaciones múltiples (perspectiva
instrumentalista). ¿Son los mismos los objetivos de estos dos tipos de investigaciones?
En la Carta a Heródoto (78) Epicuro afirma que es tarea de
la ciencia física (la investigación A) «investigar con precisión la causa de
los fenómenos más importantes»; en la Carta a Pitocles (85) sostiene que
el objeto del estudio de los fenómenos celestes (la investigación B) es alcanzar
la ataraxia. Parece, pues, que mientras que A tiene valor en sí mismo,
B está orientado exclusivamente a alcanzar la tranquilidad e imperturbabilidad
del ánimo. El asunto, sin embargo, no es tan sencillo, puesto
que Epicuro añade en la Carta a Heródoto:
… y precisamente de eso depende nuestra felicidad, de cómo sean las
naturalezas que observamos de esos objetos celestes y de cuanto contribuya
a la exactitud de este conocimiento (Carta a Heródoto 78).
Da la impresión, pues, que todas las investigaciones se orientan a alcanzar
la felicidad, lo cual, aunque cierto, no quiere decir que ninguna de
ellas tenga valor en sí misma. Si volvemos a la Carta a Pitocles y leemos
más detenidamente nos damos cuenta de que la felicidad no depende directamente
de la investigación de los cuerpos celestes, sino de cómo sean
las naturalezas de estos objetos (que los astros no sean seres divinos,
sino entidades naturales). La felicidad depende de una investigación astrológica
más especializada, pero construida a partir de los datos obtenidos
a partir de la investigación de carácter más fundamental y esencial
(por ejemplo: que hay átomos y vacío o que nada nace de la nada). Instrumentalismo
y esencialismo se combinan con el fin de alcanzar la felicidad.
Los fenómenos celestes se estudian para alcanzar la ataraxia; no interesan
en sí mismos y da igual que la explicación ofrecida diga o no diga
relación a la verdad, puesto que es un mero instrumento del que nos servimos
para alcanzar la tranquilidad del alma. Pero, por otra parte, también
hay una investigación esencialista (más esencial, que dice relación a
lo «que es o sucede»), cuya su tarea es establecer las condiciones que permiten
una explicación natural de los fenómenos, de la que a su vez depende
la tranquilidad del alma. Más aún, si no hubiera esta explicación
más esencial, sobre los fenómenos naturales podrían articularse las más
extrañas hipótesis, lo que produciría la turbación más absoluta, que es
exactamente lo que Epicuro quería evitar.