EPICURO

EPICURO
Epicuro nació en Samos en el 341 a. C. y llegó a Atenas en el 323, el
año de la muerte de Alejandro Magno: pudo asistir al fracaso del último
intento de volver a la antigua estructuración política. Tras cumplir con
sus deberes cívicos regresó a su ciudad natal. Comienzan entonces sus
años de aprendizaje y de viajes a lo largo de diversas ciudades de la costa
Jonia. En el año 306 se instaló definitivamente en Atenas y fundó su
propia escuela, el Jardín, que a diferencia de la Academia platónica o del
Liceo aristotélico no era un centro de atracción intelectual o de educación
e investigación superior, sino una especie de retiro espiritual donde se
reunían unos amigos para buscar la felicidad cotidiana por medio de la
convivencia según ciertas normas y la reflexión de acuerdo con determinados
principios.
Con esta intención y en el marco del Jardín Epicuro desarrolló su filosofía
a lo largo de 33 años; se trata, como dice Long, de «una extraña
mezcla de terco empirismo, metafísica especulativa y reglas para alcanzar
una vida sosegada»5. Según era tradicional en el helenismo esta filosofía
constaba de tres partes:
Los epicúreos han contado con dos partes de la filosofía, la física y
la moral, y han descartado la lógica. Luego, llevados por la fuerza de las
cosas a disipar las ambigüedades, a desenmascarar lo falso oculto bajo
las apariencias de verdad, han introducido la lógica con otro nombre, lo
que ellos llaman estudio del criterio o del canon. Pero consideran esta
adición como parte de la física (Séneca, A Lucillo, 89, 11).