EL ESTOICISMO

EL ESTOICISMO
Con la expresión «estoico» acostumbra a designarse una actitud de serenidad
ante el destino y de superación de las pasiones. Este talante se corresponde
con el ideal estoico de vida, el cual descansa en un supuesto
metafísico: la realidad está ordenada racionalmente y quien conoce y se
somete a este orden puede elevarse sobre los azares y pesadumbres de
esta vida. La confianza en la racionalidad de la ordenación del universo es
el fundamento de la serenidad con la que el sabio estoico se enfrenta al
destino, incluido el más adverso.
El primer estoicismo está impregnado de talante cínico, pues cínica
es la idea de una vida libre de temores y de preceptos en la que la voluntad
se orienta a conseguir la independencia de todo afecto y a la imperturbabilidad
del alma, así como la íntima convicción de que esta
vida, la única en la que reside la felicidad, es una vida natural o conforme
a la naturaleza que puede conseguirse mediante una disciplina
del ánimo:
Decía [Diógenes] que nada absolutamente se consigue en vida sin
ascesis y que ésta puede superarlo todo. Es preciso, pues, elegir, en lugar
de inútiles esfuerzos, los que son conformes a la naturaleza para el
logro de una vida feliz: los hombres son desdichados por su propia necedad
(D.L. VI, 71).
En el caso del cinismo nos encontramos ante una actitud agónica
que conduce al rechazo de los usos institucionales y a la adopción de
formas de vida conscientemente provocativas; según Platón, Diógenes
era un «Sócrates enloquecido» (D.L., VI, 54):
Por lo que respecta a la ley. [Diógenes sostenía] que no es posible la
vida de un Estado sin ella. Pues sin una ciudad organizada la comunidad
ciudadana no tiene utilidad alguna. La ciudad es una comunidad
civilizada. Sin ciudad no existe utilidad de la ley. Por tanto, la ley se
identifica con una comunidad civilizada. Diógenes se burlaba de la
nobleza de nacimiento, de la fama y de todos los timbres de gloría similares,
diciendo que eran vistosos adornos del vicio. Sostenía que la
única constitución política recta es la que se extiende al universo. Afirmaba
que las mujeres deben ser comunes y no reconocía al matrimonio,
sino que el que persuadiera a una mujer acordara convivir con
ella. En consecuencia, también los hijos debían ser comunes. No encontraba
extraño llevarse alguna cosa de un templo ni probar la carne
de cualquier animal, ni consideraba una impiedad comer carne humana,
como era claro que hacían muchos pueblos extranjeros (D.L. VI,
72-73).
Esta actitud tan radical se convierte en el estoicismo en una «filosofía
» dotada de un fundamento racional: la superación del dolor y de los
temores que perturban el alma se consigue asumiéndolos como parte
de un orden regido por el lógos en el que el sabio estoico se inserta voluntariamente:
asumir la realidad pero a la vez distanciándose de ella12.
La realidad es una totalidad natural regida por un lógos providente (pronoía)
según secuencias causales necesarias (heimarméné). El azar no
existe, es tan sólo una forma de decir que desconocemos las causas (SVF
II, 967):
Los sucesos anteriores son causa de aquellos que les siguen, y de
esta manera todas las cosas van ligadas unas con otras, y así no sucede
cosa alguna en el mundo que no sea enteramente consecuencia de
aquélla y ligada a la misma como su causa (SVF II, 945).