Anaximandro
Para Tales el origen de la tierra está en el agua. Desde una perspectiva
conceptual Anaximandro está en esta misma línea, pero su pregunta es
más radical: ¿cuál es el origen, no ya de la tierra, sino también del agua y
de las estrellas? Anaximandro se pregunta por el origen de aquello que
Tales había dicho que era origen: ¿cuál es el origen sin más? Si no se trata
del origen de esta o aquella cosa, sino del origen en un sentido absoluto,
deberá tratarse de algo común y que a su vez ni tenga ni requiera un
origen. Anaximandro habla de apeiron, «lo indefinido», «lo que carece de
límites». Importa sobre todo su carácter negativo: Anaximandro busca
algo que se aleja de la experiencia cotidiana (que siempre es limitada y
está definida espacial y temporalmente).
El apeiron no es una hipótesis explicativa en sentido estricto (aún estamos
lejos de alcanzar semejantes grados de abstracción), sino algo que
existe realmente, pero que ni es un dato de experiencia ni algo perteneciente
al mundo de los dioses. El apeiron, señala Anaximandro, «es inmortal
e indestructible» (B 3); posee, pues, las características de los dioses
del mito: el apeiron es divino y lo divino es llevado al nivel del apeiron.
Lo divino se despersonaliza y experimenta un cambio conceptual: los
dioses, en efecto, son inmortales e indestructibles, pero nacieron en un
momento dado; el apeiron, por el contrario, «es eterno» (B 2) y en consecuencia
ilimitado temporalmente.
Anaximandro dijo que el apeiron era la causa de cada nacimiento y
destrucción. Afirma, en efecto, que de ello están segregados los cielos y
en general todos los mundos, que son asimismo indeterminados. Aseguró
que la destrucción y mucho antes el nacimiento acontecen desde
un tiempo indeterminado y se producen todos ellos por turno (Pseudo-
Plutarco, Miscelánea 2 = A 10).
Nuestro kosmos nace en virtud de un doble proceso de resecamiento y
calentamiento, mas no porque haya surgido se detiene el proceso, sino
que continúa implacable su marcha, pero ahora, por así decirlo, en sentido
inverso, hasta que las fuerzas elementales vuelvan a sumergirse en el
apeiron del que antaño surgieron: un proceso que acontece según necesidad
y ordenadamente, una cosa después de la otra, «según la disposición
del tiempo»:
El principio de los seres es indefinido y las cosas perecen en lo
mismo que les dio el ser, según la necesidad. Y es que se dan mutuamente
justa retribución por su injusticia, según la disposición del tiempo
(B 1).
Las mismas causas han tenido, tienen y tendrán los mismos efectos.
Anaximandro, pues, señala la inevitabilidad de los procesos naturales
(que es condición de posibilidad para poder formular leyes naturales). Al
igual que posteriormente Empédocles y Anaxágoras, Anaximandro da
cuenta de la génesis del kosmos sirviéndose de dos grupos fundamentales
de materia cósmica que en un momento dado se separan para luego, en
un proceso eterno, volver a juntarse:
Anaximandro no concibe la generación como una transformación
del elemento, sino por la segregación de los contrarios, a causa del
movimiento eterno. Los contrarios son: caliente-frío, seco-húmedo y los
demás (Simplicio, Física 24.13 = A 9).
Justo por ello —a diferencia de lo que sucede con el apeiron— estas
fuerzas elementales son limitadas, porque si alguna de ellas fuera ilimitada
se impondría sobre las demás, vencería definitivamente y el proceso
se detendría.











